14/05/2008
El café de Amelie


Una de las películas francesas modernas más mágicas de los últimos tiempos usa al barrio de Montmartre de escenario, y al café Des Deux Moulins como sitio clave. Ahí, la tímida Amelie, con su postura naïf, atiende las mesas y da de comer a diario. Los turistas que se pasean por el sector pueden repetir cada escena. Varias postales de los gnomos, colgadas sobre la barra con perros para la ropa, el cuadro del pintor vecino y un gran afiche autografiado de la película dicen que es el sitio correcto. Varios llegan dateados. Un japonés, de hecho, desenfunda su revista Travel & Leisure, llena de marcas de Post-it, compara la foto, sonríe y se sienta. Ahí está: frente a él, la escenografía en 3D. La atmósfera es parisina, muy de barrio, desprolija y espontánea. No es un gran café, pero tiene encanto. En él podemos probar nada menos que el Amelie’s Breakfast (9.90 €) –en teoría, su favorito– que son tres huevos a elección –los revueltos son cremosos y coronados con ciboulette–, zumo de naranja recién exprimido, alguna bebida caliente –té o café, pero si es capuchino se agrega 0.8 euro– pan con mantequilla, confitura de miel o nutella y alguna tarta dulce a elección. La gente normalmente lo pide. Tanto los grupos grandes de jóvenes como el japonés a mi reojo lo tienen en sus mesas. Con capuchino. Quienes llegan más tarde, cerca del mediodía, pueden optar por el brunch (15 €), que además lleva pechuga grillada con ensalada verde, coleslaw, salchichas y manzana verde. Durante el día y la tarde, el café ofrece alcohol. Hay cervezas, champañas y cocktails. Y de 19 a 21 horas, aunque suene inconexo, la tierna Amelie ofrece “happy hour”. Dos por uno: pagamos menos y perdemos magia. Pero todo se recupera si estás con el amor de tu vida.
Rue Lepic 15, Paris. +33-1-42549050
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Por qué importan los PREMIOS




Nunca había sentido una conexión tan absoluta, un consenso interno tan redondo como ahora. Este año, como nunca, sentí que cada uno de los galardonados en la votación anual del Círculo de Cronistas Gastronómicos, para elegir a los mejores actores de la enología y gastronomía de nuestro país, era perfecto. El círculo al que pertenezco acaba de premiar a ocho profesionales del rubro. Ocho que, se los juro, deben conocer. Si no conocen sus vinos o no se han sentado en sus mesas, se pierden algo. Y algo bueno. Aquí los por qué:
Chef revelación del año: Rodolfo Guzmán.
No hay dudas. La cocina de Guzmán en su restaurante Boragó es de las más pulcras y milimétricas del país. Gran técnica, precisión científica y productos germinados in situ. Imperdibles sus menú degustación.
Enólogo del año: Marcelo Papa
Ya lo he dicho: pocos pueden juntar calidad con volumen. Papa es capaz de hacer una línea de millones de litros, como Casillero del Diablo, y joyitas limitadas como Maycas, su nueva apuesta en Limarí. En ambas, la calidad no se transa. Un genio.
Trayectoria gastronómica: Pancho Toro
Quién más que Pancho Toro puede decir con autoridad desde dónde viene y hacia dónde va la gastronomía en Chile. A Pinch of Pancho y Nolita son dos ejemplos de que los clásicos siguen vigentes y son capaces de renovarse. Amantes de las trufas: prepárense.
Trayectoria vitivinícola: Pablo Morandé
El premio le cae de sabio y no de viejo. Y hasta es redundante decir que fue pionero y es visionario, así es que mejor prueben sus novedades: pinot grigio de la línea Terrarum y toda su estupenda Edición Limitada. Ojo con el carignan. Puede causar adicción.
Chef del año: Matías Palomo
Este sensible y adelantado cocinero es el enfant terrible de la gastronomía nacional. Palomo, desde su restauante Sukalde, saca suspiros a la comida, y hace que cada bocado sea inolvidable. Atentos a la carta nueva de otoño. Tiene filo.
Mejor cocina en regiones: Pasta e Vino
Imperdible, este sitio comandado por una joven pareja fue el que definitivamente le cambió la alcurnia al Cerro Concepción de Valparaíso. Impecable, cálido, de primer mundo. Después de Pasta e Vino, hablar de cocina fuera de Santiago nunca más fue despectivo.
Premio Rosita Rovinovitch: Héctor Vergara
Es el único Master Sommelier de América Latina y, aún así, va por la vida con una humildad exquisita y sincera. Quienes piden hacer los cursos de vinos y degustación en El Mundo del Vino y exigen clases con Héctor son personas que saben lo que hacen.
Miembro honorario del círculo: Miguel Torres
Hay un antes y un después de este catalán. Fue quien trajo la tecnología al vino chileno, además de sobresalir por su excelente late harvest, su gran espumante –brut pinot, una delicia– y el mejor rosé de Chile: Santa Digna. Y si no han probado su brandy, anótenlo como un must.
Y bueno... ¿Importan o no los premios?









